2026-09-20

Producción

Engorde a corral: una alternativa para recuperar chivitos y agregar valor a la producción

La experiencia de Omar Cides muestra cómo el engorde a corral permite recuperar animales de baja condición corporal, mejorar sus posibilidades de comercialización y generar una alternativa de ingresos para los productores. La práctica también fortalece el vínculo con los crianceros al transformar animales que podrían perderse en una oportunidad productiva.

Omar Cides se define como chacarero y productor. Desde su chacra lleva adelante una experiencia de engorde a corral de chivitos, una alternativa productiva que le permite generar un ingreso extra, mantenerse activo y, al mismo tiempo, aprovechar una categoría de animales que en determinadas condiciones tiene pocas posibilidades de llegar a la comercialización.

“Siempre trabajé y estoy acostumbrado a trabajar. Hoy la situación económica también lleva a buscar un ingreso extra, y esto es una posibilidad”, cuenta Omar, quien además considera que este tipo de actividades puede convertirse en una oportunidad para los jóvenes.

“Hay muchos jóvenes que están trabajando por sueldos de 300 o 350 mil pesos, sueldos bajos siendo capaces e inteligentes. En el campo también hay posibilidades de emprender, pero hay que encararlo con fuerza, responsabilidad y constancia”, sostiene.

Recuperar animales y generar valor

El engorde a corral permite mejorar la condición corporal de chivitos que, por su bajo peso, no pueden ser destinados directamente al consumo o a la venta. En el campo, estos animales tienen mayores probabilidades de sufrir pérdidas por falta de forraje, temporales o predación.

En ese escenario, Omar construyó una alternativa que beneficia tanto al productor como a los crianceros. Compra chivitos flacos directamente a productores de campo o los intercambia por forraje. De esta manera, el criancero puede recuperar parte del valor de un animal que, de permanecer en el campo, podría perderse por el ataque de pumas y zorros o por las condiciones climáticas.

“Al criancero le sirve porque salva un animal que quizás pierde en el campo, y a mí me sirve porque lo puedo engordar y después venderlo. Se arma una cadena”, explica.

Omar comenzó el ciclo con 102 chivitos, entre animales propios y comprados. Logró comercializar prácticamente la totalidad y recientemente incorporó un nuevo lote de diez animales. También mantiene chivas bajo acuerdos de trabajo con otro productor de la zona.

Una infraestructura hecha con recursos propios

Una de las características de la experiencia es que buena parte de la infraestructura fue construida por el propio productor, reutilizando materiales y madera disponible en su chacra.

Omar cuenta que aprovecha la luna menguante de mayo para cortar madera, que luego deja estacionar y utiliza para obtener los tirantes necesarios para construir sus instalaciones.

También diseñó sus propios comederos para reducir el desperdicio de alimento. Incorporó mallitas de alambre que impiden que los chivos se metan dentro de los comederos, evitando que pisen, ensucien y desperdicien la comida.

Los comederos instalados permiten alimentar entre 97 y 100 animales, distribuidos en diferentes espacios. “No necesitan comer todos juntos”, explica, destacando que el diseño le permite organizar la alimentación de manera eficiente.

Un proceso que requiere adaptación y cuidados

El productor explica que el engorde no consiste simplemente en aumentar rápidamente la cantidad de alimento. El proceso requiere adaptación y un manejo cuidadoso.

Durante los primeros días, los chivitos reciben principalmente pasto para acostumbrarse al corral y aprender a comer en los comederos. Una vez que están adaptados, se incorpora progresivamente maíz o alimento balanceado.

El período promedio para obtener un chivito gordo es de unos 40 días, aunque Omar advierte que intentar acelerar el proceso puede resultar contraproducente.

“No hay que querer sacarlo en 30 días dándole de comer de golpe porque se empacha. En el campo le decimos que se pone ‘calcio’ y en vez de ganar peso se atrasa”, explica.

Una vez que los animales están adaptados, maneja una ración aproximada de medio tarrito duraznero de maíz o alimento por chivo por día. Además, destaca como cuidados indispensables la disponibilidad permanente de agua limpia y sal, junto con las vacunas y tratamientos correspondientes al momento del ingreso al corral.

Una alternativa al alcance de los productores

Para Omar, el engorde a corral es una herramienta que puede adaptarse a diferentes escalas y que no requiere necesariamente grandes inversiones iniciales. Su propia experiencia se basa en el aprovechamiento de recursos disponibles, la construcción casera de las instalaciones y un manejo que prioriza la eficiencia en la alimentación.

La comercialización también representa una oportunidad. “El chivo es un animal liviano, fácil de manejar y de carnear, comparado con un vacuno”, señala.

Además, destaca la diferencia de precios como uno de los factores que favorecen su demanda. Según su experiencia, mientras una pierna de carne vacuna puede superar los 200 mil pesos, un chivo gordo de buen porte ronda los 130 mil pesos. Se trata, además, de una carne con demanda para preparaciones y comidas cotidianas.

Una herramienta en el marco de la emergencia por sequía

La experiencia se vincula con los objetivos del Programa de Refugos, impulsado por la Secretaría de Producción e Industria para mitigar los efectos de la variabilidad climática y, especialmente, de la disminución de la oferta forrajera que afecta a la ganadería extensiva; y que en los próximos días se reeditaría.

El programa se implementó en el marco de la emergencia y/o desastre agrario declarado por sequía y contempló distintas etapas vinculadas al manejo de la hacienda durante el ciclo de veranadas, con el objetivo de reducir cargas y fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos.

Con una primera etapa que contó con un presupuesto estimado de 315 millones de pesos, el programa estuvo destinado a productores ganaderos bovinos, ovinos y caprinos afectados por la emergencia, además de asociaciones de pequeños productores, comunidades mapuches y otros actores vinculados a la actividad que cumplen con los requisitos establecidos.

La Secretaría de Producción e Industria tiene a su cargo la gestión integral del programa, mientras que el Instituto Autárquico de Desarrollo Productivo (IADEP) interviene como organismo financiero.

En este contexto, alternativas como el engorde a corral permiten complementar las estrategias de manejo y contribuir al aprovechamiento de animales que, por su baja condición corporal, presentan mayores riesgos de pérdida en el campo.

La propuesta es que los productores puedan evaluar este tipo de herramientas de acuerdo con las características de cada establecimiento y acceder al asesoramiento técnico necesario para definir el manejo, la alimentación y los tiempos adecuados.

 

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