La neuquinidad también se expresa con las manos
Hay canciones que se escuchan, se cantan. Y hay canciones que, con el tiempo, se vuelven parte de quienes somos. El Himno Provincial de Neuquén es una de ellas.
Sus palabras hablan de una tierra, de una historia y de una identidad que atraviesa generaciones. Es parte de esos momentos en los que una provincia se reconoce a sí misma. Por eso, si el Himno nos representa, también tiene que ser accesible para todas las personas que forman parte.
Con esa mirada, avanza la adaptación a la Lengua de Señas Argentina (LSA) de las últimas estrofas del Himno Provincial, un proceso que busca garantizar que las personas sordas puedan participar plenamente de esos momentos en los que la comunidad se encuentra alrededor de uno de sus símbolos más importantes.
Y ese trabajo se está construyendo junto a la comunidad sorda, con un encuentro que se repite cada viernes, en la Facultad de Humanidades, entre el equipo de Lengua de Señas de la subsecretaría de Discapacidad que promueve la actividad y las personas sordas. Allí se analizan los versos, sus imágenes, sus metáforas y, sobre todo, aquello que cada palabra busca transmitir.
Porque en LSA no alcanza con encontrar una seña para cada palabra. Hay que encontrar la manera de expresar visualmente una idea, una emoción, una imagen. Hacer que el significado llegue sin perder la fuerza de la obra original.
Un viernes para encontrarse con la historia
El último encuentro tuvo algo diferente. A la ronda de trabajo se sumaron Marité Berbel, hija de Marcelo Berbel, autor del Himno junto a Osvaldo Arabarco, y su hijo Traful. Con sus presencias, el trabajo tomó otra dimensión.
Las personas sordas pudieron conversar con ellos, hacer preguntas y conocer de cerca las historias, imágenes y sentidos que atraviesan los versos del Himno. Marité compartió la memoria de su padre y Traful acompañó el encuentro con su guitarra.
La música comenzó a llenar el espacio. La voz de Marité y los acordes de Traful acompañaron cada aporte de la comunidad sorda. No se trataba solamente de escuchar cómo nació una canción. Se trataba de descubrir cómo hacerla visible.
Cada verso fue también una pregunta: ¿qué imagen transmite?, ¿qué queremos expresar?, ¿qué comunica cada metáfora? ¿cómo podemos llevar ese sentimiento a las manos, al cuerpo, a la mirada?
Ese intercambio aportó elementos para que cada seña pueda expresar de la mejor manera posible el sentido y el sentir de la obra, respetando al mismo tiempo su valor identitario y la cultura y la lengua de la comunidad sorda.
La jornada terminó de una manera que difícilmente podía ser más simbólica: todos juntos, cantando y expresando en sus distintas formas algo que los une como provincia.
Una identidad que también se construye con las manos
El proceso forma parte de una nueva mirada sobre la accesibilidad. No se trata de adaptar a las personas a una ceremonia pensada para otros, sino de transformar esos espacios para que todas puedan participar plenamente.
La LSA es una lengua visogesto-espacial, con una gramática propia y recursos expresivos que utilizan el espacio, el movimiento, el cuerpo y las expresiones faciales. Por eso, la adaptación requiere análisis, intercambio, ensayo y validación comunitaria.
La comunidad sorda ocupa un lugar central en ese proceso. No se trata de hacer una versión “para” ella, sino de construirla con ella.
El trabajo se realiza en el marco del decreto 836/26, firmado por el gobernador Rolando Figueroa el 15 de junio, Día de la Provincia, que recuperó la versión completa de Neuquén Trabun Mapu, tal como fue concebida originalmente por Osvaldo Arabarco y Marcelo Berbel.
En aquella oportunidad, Figueroa destacó el significado de las estrofas que ahora adquieren una nueva dimensión al pensarse también desde la accesibilidad.
“En la segunda parte del Neuquén Trabun Mapu nos habla de lo valioso que es Neuquén para el país y de la capacidad que tenemos los neuquinos para sobreponernos a las dificultades”, expresó. Y agregó: “Es la parte más rica de la canción porque habla de lo que hacemos y somos los neuquinos”.
Quizás por eso esta adaptación tenga también algo profundamente neuquino. Porque la identidad no es una fotografía quieta. Se construye con las historias que heredamos y con las nuevas formas de expresarlas.
El propio Himno habla de ese encuentro. Figueroa recordó que la canción expresa la imagen de “la piel de hombres distintos que terminan formando una nueva piel”.
Hoy, esa nueva piel también puede expresarse con las manos. El Himno sigue siendo el mismo. Lo que se amplía es la posibilidad de sentirlo.
Y en ese camino, la voz de Marité, la guitarra de Traful y las manos de la comunidad sorda encontraron algo en común: una canción que pertenece a todos. Porque Neuquén no solo se canta con la voz. También se canta con las manos, con la mirada y con cada una de las formas de sentirnos parte.